Titular de prensa: X sigue huyendo de lo que todos saben que él cree.
Datos firmes: X cree en algo. Todos saben en qué cree él. X nunca ha dejado de huir.
Cuestiones abiertas: ¿De qué huye X? ¿ De lo que cree o de lo que los demás saben? ¿Huye X sin creer o cree que huye? ¿Dejará algún día X de huir? ¿Sabemos algo sobre lo que los demás creen que saben de X? ¿No será que creen que huye o que él huye de lo que creen?
Conclusión: Creer que se sabe, aunque refrenden esa creencia muchos, no es lo mismo que saber porque todos lo creen.
martes, 11 de agosto de 2026
Saber y creer
lunes, 10 de agosto de 2026
¿Es anomalía o crecimiento?
Puede que la distorsión provocada por la incursión, no pocas veces fraudulenta, de la inteligencia artificial en las pruebas destinadas a evaluar el conocimiento necesario para ejercer de manera fiable competencias críticas (medicina, ingeniería, judicatura entre otras), traiga como censecuencia el retorno a la disertación oral como forma de valorar, sin papeles de por medio, la capacidad del aspirante para explicar temas y demostrar sus aptitudes. Quizá fuera lo correcto si no fuera porque el cara a cara introduce otros factores que distorsionarán la valoración igualmente. Los más relevantes podrían ser la presencia más o menos magnética del evaluado y, por otro lado, el beneficio que puede obtener si tiene palabra fácil y amplios recursos retóricos. Así pues, existe la posibilidad de que el mensaje, con el que en definitiva se rinden cuentas, llegue oculto bajo un disfraz, que bien puede dar lugar a una aparición deslumbrante o a una abrumadora descarga palabrera. Y eso sin contar con las dificultades para programar y ajustar tiempos para estas soluciones orales. Empezamos a ver, pues, que combatir las trampas que el maquillaje de la inteligencia artificial trae no será nada fácil. Distinguir al genuino, por torpe que sea, del imitador, por muy inteligente que parezca, va a ser cada vez más complicado. Para finalizar mencionaré un caso. La UNAM de México ha llamado a 58.000 aspirantes a nuevas prueba de acceso presenciales tras observar anomalías en los resultados obtenidos al aplicar inicialmente en línea la prueba. En concreto, entre 2021 y 2025, sobre pruebas compuestas por 120 cuestiones, alrededor de 3% de los participantes había obtenido cien o más aciertos, mientras que en 2026 está cifra ascendió al 16%. Como soy un cínico algo ingenuo, quiero creer que lo que aparenta ser una anomalía es una señal de que afortunadamente ha aumentado el nivel de preparación y conocimiento.
domingo, 9 de agosto de 2026
Contra Marcial
Si el poeta Marcial abriera ahora mi ejemplar de sus Epigramas en el punto que tengo señalado, justo el epigrama 57 del libro I, aquél en el que responde dubitativo a Flaco sobre qué mujer le gusta y qué mujer no le gusta, encontraría una ficha mía escrita ya hace tiempo. Como el gusto que antepone no siempre abre paso al amor, quizá debería haberse preguntado antes cómo se llega a él. Del Ars amatoria de Ovidio podría haber aprendido aquello de que «Si quieres ser amado, sé amable». Bien se ve ahí que el arte de amar no va de perseguir favores, incluso se diría que ese afán no lo favorece. El apunte que en su día escribí seguramente quiso ser una glosa sobre ese extravío suyo, pero cuando hoy lo releo me suena a réplica. Lo que en concreto en la ficha se dice es:
A buscar el amor conviene ir, Marco Valerio, en grata compañía. Es seguro que de camino saludarás a los obsequiosos Príapo y Baco, que te darán buenas pistas; no es tan seguro que con ellas encuentres el amor, pues entre tantas ascuas no tardará en dominarte, como siempre, un fogoso aturdimiento.
sábado, 8 de agosto de 2026
Lacrimal
En esto de llorar también hay campeones, gente de lágrima fácil y razones incontrolables. No creo que eso sea signo de inteligencia emocional, es más bien evidencia de algún malestar de complicada resolución, incluso con palabras oportunas y caricias sosegadas. Como campeones con premio o sin él, hacen uso legítimo de su facultad. Es ejercicio expresivo, no siempre fácil de interpretar. Más fácil de interpretar y de detectar es el caso de los impostores, de los llorones, y lloronas, que han hecho de ese ejercicio su profesión. No hablo de los actores que la ejercen poniendo cara a toda clase de emociones y haciendo gala de una competencia para simularlas que no todos tenemos. Me refiero a los que aprovechan cualquier ocasión para lamentarse de que la vida ofrezca constantemente situaciones dignas de ser inundadas con lágrimas. Darles consuelo es inútil, pues sólo reafirma su habilidad para llevarnos a su nublado punto de vista. Concluyendo, son gente que vive para llorar por todo y que merece desde luego lástima, pero a la que no creo que debamos conceder ni una sola lágrima.
viernes, 7 de agosto de 2026
Llegan los reencarnados
Hasta hace poco teníamos ahí mismo, en las pantallas, a los zombis. No era algo que nos preocupara demasiado porque pertenecían a otro mundo y además tenían un aspecto tan desastrado que serían inconfundibles al entrar en el nuestro. Llegaron luego los renacidos, toda esa gente que se resistió, dando muestras de gran coraje, al trauma irreversible de la muerte y a los que celebramos como campeones de la supervivencia. No pasa lo mismo con los de la nueva ola que ahora nos viene. Me refiero ese nuevo género, marcadamente poshumano, formado por los reencarnados. Si por algo son más problemáticos éstos es porque son más difíciles de distinguir. No obstante, hay en ellos cosas que, como no nos cuadran, acaban por evidenciarlos. Si es verdad que son resurgencias del pasado, lo primero que habrá que hacer para reconocerlos es buscar a los que con esas miras habitan entre nosotros. Como, por lo que se dice, han vuelto desde otros tiempos a hacerse carne, o sea como se han reencarnado, podemos suponer que serán gente resabiada. Teniendo en cuenta que han vivido otras vidas, serán de ésos que ya parecen sabérselas todas. Por lo tanto, a ellos no puedes esperar sorprenderlos con simples esperanzas. Al final, sesgos como los suyos son fácilmente detectables, cualquiera los debe saber reconocer. Un primer detalle es que, como agotaron su cuota de emociones en su vida pasada, parecen ahora perplejos ante cualquier cosa que signifique novedad. De lo nuevo nada esperan. A cambio, lo que los vientos cambiantes les traen de otros tiempos, a ellos les estimula. Aunque parecen alérgicos a lo nuevo, celebran que el cielo se pronuncie y que todo se renueve de arriba abajo. No atienden si la renovación va de abajo arriba, les importa la dirección. La del primer tipo restituye, según dicen, la atmósfera cordial y el espíritu ecuménico de siempre. Encuentran que se recrea un ambiente familiar y confiesan que hace correr el único aire capaz de traerlos de nuevo a la vida y de reponerles sus viejas facultades y dominios. En realidad, lo que recuperan no es otra cosa que un conjunto de formas de vida y hasta de creencias podríamos decir. Con esas antiguas maneras, demuestran, más que nada, que no están dispuestos a sintonizar con el mundo en el que, como reencarnados, se ven obligados a vivir. A veces parece incluso como si esos nuevos aires los iluminaran especialmente y eso les concediera una curiosa y discutible autoridad. Tampoco es raro verlos fungir como maestros en augurar futuros, dando así a entender que, por venir directamente del pasado, lo tienen visto todo. Relacionado con esto, hay otro punto que los delata: albergan idea de que, aunque de carne y hueso como todos, forman un grupo distinguido, pero apenas distinguible. Se podría decir que ellos viven su nueva vida no como una prórroga sino como un experimento repetible a lo largo del tiempo. Tienen vocación de inmortales. Llegan al experimento con la sensación de que la vida está en deuda con ellos y de que debería ofrecerles la ventaja de la que no gozaron en sus anteriores vidas. Cuando eso no sucede, prefieren retirarse a un estado letárgico, en el que permanencen agazapados, a la espera de que llegue su primavera. A todos nos gustaría que fueran más explícitos, más evidentes, que sacaran su particularidad a la luz, aunque a veces los imaginemos refugiados bajo sus capuchas desfilando en procesión. De hecho no son tantos, pero es temible saber que esa facción permanece entre nosotros a la espera de subirse al caballo ganador un día para lanzarse contra quienes creen que formamos una raza menor de edad. El ciclo cuya repetición dicen observar atentamente es el de la degeneración. En tanto que reencarnados, ellos se ven como la última esperanza de cara a regenerar el pasado y reconducir el tiempo, aunque eso suponga para nosotros el secuestro de cualquier futuro. No olvidemos que estos tipos son viajeros del tiempo y que lo que buscan con sus acciones es extender su influencia por toda la escala temporal. No les interesa tanto el espacio tridimensional, formado por vectores demasiado flexibles y sensibles a las conveniencias, lo que les interesa es hacerse con el tiempo. Así que hay que estar alerta con ellos. Vamos viendo últimamente, por ejemplo, cómo cultivan sus pretensiones hegemónicas infiltrando sus máquinas futuristas, a las que presentan como agentes avanzados, aunque estén realmente dedicadas a explotar nuestro futuro en su beneficio. Esa hegemonía nos llega envuelta en tonos celestiales, pero lo que sugiere ese aire plácido es tan temible que nosotros, los encarnados en primera gestación, los humanos habría que decir, sólo podemos verla como la condena definitiva a una absoluta degradación, basada en una estabilidad paralítica y una moribundia atroz.
jueves, 6 de agosto de 2026
Causas naturales
El fallecido está registrado. Dice el certificado: Muerto de pena. Hay que validar la casilla 612. Después, ir a la 613, ésa que pone Período de incubación. Incubación, así dice. Sí, es complicado de calcular. Años, meses... A ojo, sin más. Luego, para acabar está la 614, Causa aparente, donde se puede elegir entre lo siguiente: Genética, Traumática, Inadaptación, Degeneración, Otra. No merece la pena darle mayor importancia a todo esto. Lo manuscrito no lo tiene en cuenta el lector automático. A la hora de rellenar el impreso, sí es importante no confundir esta categoría con la de Muerto de asco para la que aparecen las correspondientes casillas 658, 659 y 660.
lunes, 3 de agosto de 2026
Dos líneas de acción
Hay una línea que parte del honor pasa por el deber y, tras desembocar en la obediencia, acaba en una ruta donde se impone la ceguera. Pero también hay otra que se basa en la dignidad, se alimenta del respeto y procura una franqueza que permite a uno sentirse dueño de sí y en libertad.
El tormento del soldado
Dime Benjamin cómo contarás a tu abuelo Jacob, que presenció en los campos de la muerte crímenes incontables, que el brillo trémulo de la estrella de David ha acabado por ser tan fugaz que sólo te ha servido para avistar los campos madianitas y entrar allí armado como Gedeón sin más fin que exterminar como animales, en nombre del Jehová vengativo, a más de quince mil niños inocentes.
domingo, 2 de agosto de 2026
Admitir la duda
No deja de ser sospechoso ver cómo hay quienes siembran todo de sospechas sin otro fin que expandir un régimen de incertidumbre para ir en busca de certezas autorizadas, interesadas y tajantes en vez de de admitir a estudio y acotar con buen criterio, o sea con sana crítica, las dudas que afloran de forma natural.
Un poco de humildad intelectual
Es un signo inequívoco de pequeñez personal erigirse en autoridad, a base de exhibir títulos académicos con aires de superioridad, como si gracias a ellos se perteneciera a alguna clase de nobleza intelectual. Aunque ridícula, la maniobra procura, no cabe duda, provecho y ciertos privilegios. Respaldada por esa flamante categoría social, esta gente no duda en dictar consejos, escogiendo para ello audiencias confundidas por el ruido general. La sensatez y la calidad humana no les incumben, no se expiden en las universidades. Si miramos con atención, vemos que lo que en ellas se avala son ciertas destrezas, fundamentalmente las útiles para que la sociedad (representada en este caso por sus más dóciles miembros) siga su curso sin contratiempos y ofrezca, a través de la administración, unas garantías formales, susceptibles de proyectar una imagen de protección médica así como una sensación de seguridad física. Puede que la universidad no tenga la culpa, pero, en general, demasiada gente utiliza ese altavoz para hablar y no para ofrecer una opinión desinteresada, que llegaría siempre preñada de no pocas dudas, sino para autorizarse a sí mismos como campeones de las ciencias, las letras y todo lo demás en un ejercicio de celebración personal que da grima. En tiempos de difusión universal de los mensajes, la angustiosa búsqueda de foco de esta «aristocracia intelectual» de reciente cuño viene pronto a demostrar la catadura de estos personajes, mariscales inapelables en alguna materia especializadísima, pero al parecer con patente, en virtud de su inteligencia ubicua, para opinar sobre todo lo divino y humano desde el púlpito del que han sido nombrado titulares. Es ya urgente distinguir entre el sabio anónimo, que también existe, y el intelectual orgánico. De estos últimos son legión los que como expertos aparecen en las pantallas decididos a sacarse el sol de la manga para acabar con la niebla de la incertidumbre cada vez que la actualidad requiere echar mano de los académicos. Diría que si de verdad se quiere reconocer las credenciales del sabio y del experto, lo fundamental es hablar con los demás y debatir, a poder ser cara a cara, al estilo socrático, y no simplemente escuchar doctrina desde el sofá. Por eso, no veo mejor modo de encontrar el perfil de cada uno que compartiendo dudas y diluyendo esas certezas que le sirven de caparazón al orgulloso experto. Al final, creo que en todo esto conviene guiarse y seguir la senda de quien camina en busca de verdades sin buscar acólitos, con humildad.
sábado, 1 de agosto de 2026
A beneficio de inventario
Vengo observando que, a medida que pasa el tiempo, acumular conocimiento no te hace más lúcido ni menos crédulo. No podrás competir con las máquinas. Sea cual sea tu conocimiento, ni tus obras, por singulares que parezcan, justificarán tus desvelos, ni tus ideas peregrinas te salvarán del olvido. A los ojos de todos, perderás la carrera. En conclusión, antes de que las imponentes corrientes de opinión arrastren tu cabeza y creas encima que no tenías otro modo de mantenerla a flote, tendrás que plantearte seriamente por qué andas tan extraviado y preguntarte dónde está el fallo si en la obsesiva querencia por acumular, en la engañosa calidad del conocimiento o en tu confortable alineamiento con las máquinas.
De lo curioso a lo válido
Si sólo son curiosidades, por muy imaginativas que sean, no lograrán ofrecer un argumento; a lo sumo crearán una obra divertida o un gran adorno sin nada dentro.
jueves, 30 de julio de 2026
A sus órdenes
Por una vez recibí con agrado su orden. Movía casi a compasión porque había llegado con pinta de estar con resaca, pasando por un mal despertar, en estado de extrema confusión. Me miró fijamente, los ojos vidriosos, y sin dejar de fruncir el ceño tuvo de repente un insólito arranque de sensatez. En tono tajante y en voz bien alta me soltó: «Te prohíbo terminantemente que hagas lo que yo te diga». Como bien mandado, tomé buena nota de ello. Fue luego cuando me vino el lío, porque no sabía si la orden incluía lo que me había prohibido o no.
miércoles, 29 de julio de 2026
Los muertos vivientes
La figura del muerto viviente gozaba de cierta raigambre literaria que en la actualidad se ha visto renovada y prácticamente copada por la irrupción del zombi. Casi todo el mundo está familiarizado con este género poshumano a través de la larga saga de recreaciones cinematográficas aparecidas desde que en 1968 George A. Romero eligiera a los zombis como protagonistas de su película La noche de los muertos vivientes. Con una presencia más silenciosa y menos estridente, el muerto viviente ya habia dejado huella en la literatura, pero hurtándose a la realidad, entre espacios vacíos y abstractos, paseando por arquitecturas tan ideales como desérticas, donde muerte y vida confraternizaban para dar pie a alegorías cuyo carácter resultaba un tanto metafísico. No es que careciéramos de una versión física y tangible de esas alegorías, pues las encontramos escenificadas en arquitecturas de factura clásica y vocación triunfalista cuyo destino no es otro que enaltecer y hacer revivir a los muertos. La propia ciudad en la que vivo posee un patético ejemplo de esta arquitectura de regusto político y aliento totalitario. El monumento al que me refiero mantiene esa inspiración clásica en sus formas, pero en una solución tan tosca y grandilocuente que ofende a la vista. Al fondo de una de las vías más importantes se levanta como un horrible tapón con un título sobre la entrada que en su día quizá hizo vibrar de emoción a los deudos de los aludidos, o sea a los caídos en la cruzada, a los sublevados contra el orden constitucional y la paz civil sería mejor decir, pero que hoy muchos consideramos ofensivo. Esa alianza con la muerte impregna el espacio y vacía de cualquier sentido su interior, salvo el excluyente y punitivo hacia quienes murieron por no secundar la asonada militar. Hasta hace no mucho se pretendía incluso mausoleo y reivindicaba la memoria de los dos generales golpistas con desprecio implícito hacia quienes les habían acompañado en su odiosa aventura. Lo único que cobraba vida era el terrible mastodonte, grotesco símbolo que bastaba con mirar para que te llegara hasta adentro, pidiendo muerte, como un estoque. Sobre este malsano encuentro de lo vivo y lo muerto, que a diario contemplan mis vecinos, se explaya mucho mejor que yo, aunque con argumentos más filosóficos, Lázsló F. Földényi en su ensayo Los espacios de la muerte viviente. En tanto que presentes y ausentes en esos espacios sutiles, sus improbables habitantes, a los que ni siquiera deberíamos calificar propiamente como tales, son descritos por él en unos términos bastante inquietantes. Encerrado en algún suntuoso y dilatado cobijo, cada uno de ellos «vive en un presente continuo que no discurre ni pasa, padece en el tiempo la intemporalidad. Su destino es una inmortalidad perversa.» Sólo me queda añadir, por mi parte, que malograr la ansiada inmortalidad de ese modo, poniendo en permanente malestar, a medio camino entre vida y muerte, lo más propio de nuestra esencia, a saber, esa identidad humana que el tiempo nos concede, más que un premio póstumo es una condena a perpetuidad. En lo que respecta a ese monumento cercano destinado a detener el tiempo en el día de una ignominiosa victoria sólo decir que, cuanto más persiste en pie, más se parece a la morada de unos penosos zombis, y que ningún muerto, pienso yo, se merece semejante albergue.
Tener por seguro lo que no es seguro
El esquema es cada vez más frecuente. En realidad se trata de una fórmula retórica que pretende fijar la errática atención del lector y que consiste en interpelarle con una pregunta muy simple: ¿Es seguro...? y a continuación se deja caer un verbo relativo a una acción cotidiana y aparentemente inofensiva. Puede ser comer patatas, ducharse con agua fría, tomar café descafeinado o incluso acudir al médico del ambulatorio. Generalmente la duda que se genera apelando a la inseguridad tiene su inmediata resolución en el propio artículo. Mejor comer aguacate que esquilma acuíferos que patatas, ducharse con agua caliente aunque se gaste más energía, pedir café con cafeína que es de más calidad y no contiene residuos cancerígenos y acudir a la medicina privada cuyo pago mensual la hace más fiable. Sorprendentemente estos mensajes, pese a formar parte de una obvia estrategia publicitaria, calan con facilidad entre el público. No digo entre ese público que tiende a sentirse inseguro y que busca protección y longevidad a toda costa, sino en el público en general. Las autoridades exhiben ufanas múltiples órganos de control, principalmente los personificados por las fuerzas del orden, pero nada de esto logra contrarrestar los mecanismos de intimidación que de forma solapada obran en favor del pago por una mayor seguridad, de la que vemos que abarca cada vez más aspectos: alimentación, ocio, educación, sanidad, etc. A cualquiera se le ocurre que la serie de preguntas montadas con ese esquema podría perfectamente finalizar con la siguiente: ¿Es seguro para el equilibrio mental —y para el pecunio propio— seguir leyendo consejos que invitan a pagar con la promesa de obtener más seguridad y mayor bienestar físico?
martes, 28 de julio de 2026
Viajar ligero
A medida que avanzas no te atreves a pensar en aquello de lo que tienes que prescindir para ir más allá. Cuando por fin lo piensas, te asusta el previsible balance de pérdidas. Más tarde lamentas que el tiempo perdido en conservar te haya impedido ir hacia adelante y que, acomodado entre tus cosas, hayas desatendido el impulso que te hubiera hecho avanzar.
La extraña renovación
Uno no sabe bien a qué carta quedarse: si es mejor estar perdido o ir a la deriva. Al menos perdido crees marchar por el intrincado terreno en que te has metido con la esperanza de encontrar la salida y, mientras aún mantienes tus fuerzas, a ello te dedicas con mayor o menor ahínco. La deriva, sin embargo, representa otra fase que va más con el abandono, la renuncia y la desesperación. Ir en esa dirección es, en cierto modo, como marchar al encuentro con la nada. Es verdad que ambos son estados en que no se vislumbra el dolor, pero en los que, a cambio, parecen vagar a nuestro alrededor figuraciones, fantasmas e imágenes que nos afligen dejándonos una impresión no menor. Una diferencia sensible es que el dolor puede llegar a ser reversible, pero las impresiones que llegan en esos estados generan visiones que nos persiguen, que se instalan en la mente y parecen casi indelebles. De hecho, no es tan sencillo revertir esos estados y, según sea el caso, conseguir salir del atolladero o burlar el sumidero. Nadie sabe a ciencia cierta si ha vuelto realmente de la nada. En el caso de la espesura, uno al menos se abre a la luz y se fija un horizonte esperanzador que le hace creer que ya no está totalmente perdido. En esto conviene, sin embargo, no engañarse, porque ahí puede uno ir a parar a otra fase, aparentemente nueva, de extraña conformidad y dudosa satisfacción. Me refiero en concreto a ese estado de euforia artificial, del que siempre sospechas que debe ser efímero, pero al que te acoges porque te genera expectativas, por más que las adivines falsas o cuando menos vidriosas. Como tampoco hay ahí lugar para la decepción, eso te permite acceder a un limbo confortable. Y sin embargo, aunque imagines que tu vida se ha visto por fin renovada al librarte de anclajes obsesivos, enseguida adviertes que nada de lo que tienes por delante, deseos y proyectos, tiene una clara definición. Entonces es cuando presientes que aquellos estados de derrota te cobraron su peaje y que has vuelto al mundo convertido en un fantasma.
lunes, 27 de julio de 2026
Tendrás que imaginarlo
Es poco lo que puedo decir de él. Dinamismo puro, no tuvo tiempo ni de morir. Lo retuvo un instante el espejo, pero tanta era su energía que se quebró. Escapó de esa muerte y su imagen se perdió. Hoy para el tiempo sólo es un fugitivo. A ti te parecerá que ya no vive, pero él nunca deja de actuar y por ahí sigue.
domingo, 26 de julio de 2026
La falacia del odio reversible
Una vez más, en el ejercicio del poder, se procede a una suerte de involución verbal. Mediante el juego con palabras, lo que pretende ser, sin tapujos, una acción de «saneamiento» ideológico acaba indefectiblemente en paradoja. Lo hemos visto con las ostensibles volteretas que se le vienen dando a ideas que creíamos firmemente reconocidas como la libertad, la igualdad y la fraternidad. Es así como, para pasar al ataque «sanitario» y hacer creer que es pura defensa, el turno le ha llegado al odio. El odio, tal como todos lo entendemos, es unidireccional y el contraodio tiende a ser una maniobra sobre todo defensiva. Desde el poder es sencillo disponer los medios audiovisuales para caldear temas y avivar las llamas en tertulias de medio pelo y filtrando información incierta, descalificadora y generalmente humillante. Por esa vía lo que se fomenta es odio y, cuando sus efectos quedan a la vista, lo que vemos no es medianamente discutible. La novedad es ver a esa misma gente, a los agentes del odio quiero decir, calificando las desavenencias y protestas ante sus desmanes notorios, bien reconocidos, como manifestaciones merecedoras de castigo penal, como delitos de odio. Conviene señalar que, por mucho que quieran, el odio no es reversible, y que su furor progresa demasiado fácilmente cuando se airea desde el poder. Desde ahí se ve el contraodio como ofensa a la autoridad, cuando sólo hay resistencia al señalamiento y al abuso verbal. Para ello le dan la vuelta al odio y a la propia palabra, empleándola como arma oportunista, mediante sus múltiples agentes, a conveniencia. Es de lo más sangrante que alguien como Benjamin Netanyahu acuse al alcalde de Nueva York de promover el odio por declarar que debería de ser detenido por crímenes de guerra para comparecer ante el Tribunal de Justicia Internacional y es terrible que busque la connivencia de su protector americano para tumbar al órgano de justicia que lo persigue.
La renuncia de los bosques
Puede que sea una idea delirante, que no pretende ser estética, pero da la impresión de que los bosques, ante el agresivo asedio de los cultivos, la violación gratuita de su ancestral silencio y la gradual pérdida de sus ejemplares más veteranos, simplemente se suicidan entregándose al fuego.
Saber y creer
Titular de prensa: X sigue huyendo de lo que todos saben que él cree. Datos firmes: X cree en algo. Todos saben en qué cree él. X nunca ha d...
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2 que van y 2 que vienen no tienen por qué ser 4.
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A verlas venir es una expresión difícil de interpretar. Hay que mirar a la cara a quien la usa para hacerse una idea de lo que está queri...
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Pasa como con los niños. Los que son felices no lo saben. Se enteran de que lo fueron cuando saben que ya no lo son.