Si los sueños no te acompañan sino que te asaltan y tratan de atraparte, escapa, chilla si es preciso, como yo mismo esta noche. «¡Fuera, fuera!», me he oido gritar, hasta que al final me he despertado con la respiración entrecortada, ansioso, temblando. Quizá un día cuente con todo el detalle posible lo que vi, quizá fuera consecuencia del bosque por el que de mañana paseamos. Los bosques pueden ser una lente de aumento y pasear por ellos nos permite, si miramos bien, reconocer los monstruos que nos rodean. En los claros, bajo la ancha copa de las majestuosas hayas todo me pareció placentero, pero cuando alargaba la vista entre los árboles y la internaba por los espacios sombríos del fondo el placer quedaba repentinamente en suspenso, como si se avecinara un ataque, como si algo o alguien nos estuviera siguiendo el rastro para abalanzarse en cualquier momento sobre nosotros. ¡Ay de los sueños, que te intentan arropar cuando lo que a lo que aspiran es a aprisionarte! Lanzan de repente sus fantoches, esta vez jóvenes aullando detrás de máscaras odiosas, coreando sus improvisados insultos y amagando con ponerte la mano encima. No viven ahí, sólo se esconden agazapados en el bosque y en el camino salen a tu encuentro para luego arrinconarte y hundirte en la maleza, humillándote, sacándote de la circulación. Por el camino has llegado a ver venir al que parece dirigirles. Iba vestido de bufón, se movía a brincos con la flexibilidad de un batracio, pero su cuerpo era articulado como el de una marioneta, tan siniestra a medida que se acercaba que creíste confundirlo con el de un insecto gigantesco. Sobre su cabeza lucía un enorme gorro irisado, acabado en media docena de puntas rematadas por unos grandes cascabeles que más parecían ojos penetrantes. Ahora apenas lo ves, pero sí que escuchas el sonido creciente de sus pasos, mezcla de tintineos y chasquidos, una música que te suena amenazante, que se aproxima. Sabes que está ahí, que habrá un momento en que levantará una rama y te saludará con una carcajada triunfal. Y ahí lo esperas, acurrucado, intentando que tus ojos te alerten, que lleguen a todas partes. El sol ha desaparecido y es el verde el que ahora te ciega. Lo venías temiendo, has oído ahí mismo crujidos y el cascabeleo, así que no ha sido una gran sorpresa ver cómo sacaba entre las matas de repente su cabeza. Lo que te pareció gorro es ahora una capucha que le oculta prácticamente el rostro. Con el aliento untuoso te llega un brote de risa capciosa. Dobla sus extremidades y se inclina, te cree suyo. Lleva entonces la mano a su cabeza, tira de una de las puntas y, al echar hacia atrás la capucha, oyes cómo se remueven todos los cascabeles. ¡Qué tristeza! Que lo que nació para espantar males, ahora anuncie la aparición del más terrible vengador. En el espejo es a ti mismo a quien tienes delante y no puedes evitar reconocerte. Es verdad que el terror te ha cconsumido y que no es mucho ya lo que queda. Si miras bien, verás cómo se han acentuado tus rasgos y cómo se adivina en ellos tu monda y ridícula calavera.
Almanaque de breves - VI
Cuaderno azul (mayo 2026 - ?)
viernes, 25 de septiembre de 2026
jueves, 24 de septiembre de 2026
Las campas superiores
No me gusta seguir el hilo de ninguna de mis entradas anteriores, pero he vuelto a leer lo de ayer y, sin darme cuenta, creo que he fruncido levemente el ceño. Es más fácil distanciarse de lo que uno no ha escrito para a continuación criticarlo. Lo haré sin acritud, porque el texto me gustó. Lo que me resultó un poco excesivo, hiperbólico diría, fue aquello de los Campos Elíseos. Llevar a los artistas, o a ciertos artistas, a esos lugares sobrenaturales es darles patente divina y obliga casi a arrodillarse ante su arte. No me veo yo rindiendo semejante tributo. Por fortuna estos supuestos dioses, los que tocan el piano «divinamente» o los que escriben novelas «sublimes», son de carne y hueso, lo que para mí los hace mucho más atractivos. Esa delicadeza de Clara Haskil que tanto me fascinó está seguramente fraguada con mucho sentimiento y no pocas lágrimas, su interpretación es producto excepcional pero muy humano también. Basta ahondar en la vida de figuras como ella para ver que estuvo sujeta a tantas penurias como a ocasionales glorias. Dicho esto, no todos poseemos sus cualidades, poseemos otras que con perseverancia quedarían a la vista de quien las quisiera ver. Ni siquiera necesitamos escenario para ser excepcionales en algo. Todos sostenemos, o mejor deberíamos mantener en alto, nuestra particular excepción, simplemente porque somos distintos. Así que, allá los demás, si atacados de miopía no nos conceden el debido valor.
miércoles, 23 de septiembre de 2026
Scarlatti-Haskil
El cruel juego de los fuegos
A fin de preservar el brillo que su mansión un día tuvo, la anima con toda clase de celebraciones y festejos. Más allá de sus muros, tanto fasto parece exigir una dosis a partes iguales de desprecio y crueldad, así como un público impasible y atónito, encantado de asistir al espléndido espectáculo en que los misiles, bombas y demás cohetería que parten de sus bodegas fingen atravesar el cielo como fuegos artificiales. Dirán esos espectadores alelados que ese fuego, por más que sepan que se trata de un artificio militar, representa el triunfo de la pureza y que al surcar libremente la noche resplandece con él la luz de su libertad. Pero sólo quienes reciben esa lluvia terrible como castigo llegan a conocer cuál es la cualidad y el poder intrínseco de ese fuego y rechazan, poniendo casi siempre su propio cuerpo en juego, el beneficio devastador de semejante pureza, pagando además con su vida el precio de la libertad ajena.
martes, 22 de septiembre de 2026
Engaños propios
Tratando de mostrar ante los demás una naturalidad que nos resulte propia, rebuscamos en el modo de expresarnos y nos corregimos hasta caer en el artificio y la impostura.
Transmutación
La fe con que defiendes la libertad, la esperanza que pones en la igualdad y la caridad que se vislumbra en tu fraternidad me hacen sospechar que te ha bastado con desplazar la vieja materia teologal para conformar tu brillante ideario secular.
Su rostro te sentencia
Cuando una cara impasible te da que pensar, en sus ojos puedes llegar a adivinar un juicio y en sus profundas arrugas los argumentos que le están sirviendo para alcanzar sus conclusiones.
El sueño del bufón
Si los sueños no te acompañan sino que te asaltan y tratan de atraparte, escapa, chilla si es preciso, como yo mismo esta noche. «¡Fuera, fu...
-
2 que van y 2 que vienen no tienen por qué ser 4.
-
A verlas venir es una expresión difícil de interpretar. Hay que mirar a la cara a quien la usa para hacerse una idea de lo que está queri...
-
En esto de llorar también hay campeones, gente de lágrima fácil y razones incontrolables. No creo que eso sea signo de inteligencia emociona...