He hecho venir hasta aquí a un amigo, de talante muy similar al mío, para que me diga qué es lo que siente, advierte o aprende al leer, sin ir más lejos, este diario de notas y reflexiones.
—No quiero hacerte una crítica, no una agria al menos, no la mereces. En principio, me parece meritorio salir a diario al ruedo a proponer lo que, al salir de la noche y despertar, encuentra el día depositado en tu mente. Pero habría que ver si ese esfuerzo genera algo positivo en quien lee todas estas propuestas, ya sé que no puedo decir que concienzudamente, porque nunca será el caso, porque casi siempre lo hará como de pasada. Y digo propuestas, porque tampoco todo son aquí reflexiones sesudas, hay mucho material reactivo, con matices de una ingenuidad que sonroja. También hay cuentos que navegan en ese mar a riesgo de que cualquier ola malintencionada, o simplemente crítica, los mande a pique. En las notas, en general, las metáforas parecen empeñadas en hacerles doblar la cerviz a los conceptos, y lo gordo es que eso se hace para ofrecer una salida a la indefinición en que te mueves. Esa actitud, digamos que creativa, es tirando a cómoda para quien, como tú, tiene oficio en esto de escribir. Lo veo como un dejarse ir a donde el vendaval de imágenes te lleve. Entiendo que uno no está para elaborar a bote pronto grandes teorías, que eso queda para los tratados o los ensayos, pero lo que no se puede es hacer amagos a la hora de argumentar. Argumentar es ordenar pacientemente, construir uno a uno los escalones para que el ascenso hasta la conclusión sea paulatino y menos gravoso. A ti te veo demasiado pronto lanzado a buscar cumbres en la niebla de las alturas. El problema es que ahí el lector pocas veces te sigue. Tu ilusión es menos contagiosa de lo que crees. Apabullas con tanta dispersión de ideas, puede que a veces asombres, pero finalmente, tengo que decirlo, aburres. Nadie ve dónde está el objetivo, qué idea maestra te dirige. Algunos pocos supongo que te siguen por el resplandor de la antorcha que llevas en la mano, la que te guía mientras con la otra escribes. Sin embargo, los más se hacen a un lado y prefieren veros cómo os perdéis por un camino que están convencidos de que no lleva a ninguna parte. No te ofendas. Que te reconozcan faltas, errores, carencias, puede ser mejor que el truco de conocerse uno a sí mismo. Sales malherido, cierto, pero existe la remota posibilidad de que salgas más fuerte. No es cuestión de que te conviertas en un Hércules intelectual, en una luminaria. Sólo se trata de que lo que escribes tenga algún sentido para alguien.
sábado, 11 de julio de 2026
Un amigo verdadero
viernes, 10 de julio de 2026
Goian bego
Lo hemos sabido está semana, aunque el suceso fue hace 1300 años. De forma inmisericorde una estrella enana marrón engulló a un planeta que orbitaba pacíficamente a su alrededor. Nos da cuenta de ello el New York Times de hoy. Desde diversas universidades se vigilaba a la estrella ante la posibilidad de que de un momento a otro su conducta diera lugar a un fatal evento, a un engullimiento planetario forzosamente atroz. Al final, cuenta la gaceta neoyorkina, «eso es lo que vieron en el caso de la estrella hambrienta, a la que los investigadores llamaron TOI-5882: brillar con los restos semidigeridos de lo que probablemente fue un planeta». Según los astrofísicos, el planeta no debió de sufrir afortunadamente demasiado. En prosa seca estas noticias dirían poco, pero debidamente adjetivadas sugieren el conocido drama del niño frente al ogro. De ese modo la noticia es atendida e incluso puede aliviar un poco el tono luctuoso al decir que «su absorción por la estrella habría sido rápida, probablemente de unos días o semanas, aunque los rastros elementales de su muerte abrasadora podrían perdurar durante millardos de años». Y ahí es donde estamos: el trágico deceso, insuperable por su grado galáctico frente a todos los que menudean por el periódico, ha perdurado a lo largo de los años en silencio y es esta semana cuando por fin nos hemos enterado.
La listeza es una flor
Nada nuevo. El éxito crea listos, igual que la primavera crea flores. Pero en ambos casos esa vistosa virtud es efímera. Diré más aún: no sólo crea listos, sin que el propio éxito define quiénes son listos, listos útiles se entiende, los sencillamente eruditos, los inteligentes y, en general, la gente demasiado despierta no cuentan. Aquellos listos de ocasión, a su vez, agradecen su inclusión en tan honrosa categoría proponiendo una definición canónica de lo que todo el mundo debería entender por éxito. Eso les permite presentarse como listos reconocidos y con esa etiqueta se dan a hacer apostolado de pago ofreciendo aquí y allá clases, cursillos, másteres, retiros y demás salidas a escena sobre el modo de llegar arriba. Saben bien que deben aprovechar, porque, si bien no decae el interés de todo el mundo por lucir galas y destacar, lo suyo desde el púlpito es flor de un día.
jueves, 9 de julio de 2026
Problema de identidad
No me caen mal los forasteros, lo único que le digo a ella es que cada mañana yo necesito saber que sigo siendo yo mismo. Cuestión de estabilidad emocional diríamos, de confianza en uno mismo, de seguridad frente a quienes quieren hacerse pasar por mí. Y sobre todo, lo digo claramente, cuestión de imagen, aunque no me vayan del todo esas ideologías ventajistas que idealizan nuestro fenotipo. Yo sólo quiero que se vea bien ante los demás mi modo de ser, mi esencia, mi singularidad. Sin embargo, corren tiempos en que ya no acierto a verme como realmente soy, o sea como he sido siempre y como quiero ser en el futuro. Quizá todo tenga que ver con el espejo que me ponen delante. Últimamente me miro y siempre me sale ahí otro, un intruso de facciones extrañas, indefinido color de piel, presencia inquietante y mirada temerosa, un tipo al que además ni siquiera conozco. ¿De dónde ha salido? Pues no sé, pero lo cierto es que está en mi propia casa. Esa imagen terrible ha conseguido al final que el pánico me domine. Llegados a este punto, es mi sombra la que sale de la cueva y se asoma por encima de mi hombro. Pero, en vez de tranquilizarme, parece que ha decidido rematarme: «Es inútil que te niegues a ti mismo. Ahora para los demás ése eres tú. El de antes ya sólo es un personaje anticuado que vivía con la ilusión de ser una excepción y se creía la última oportunidad de mejorar la naturaleza que, según él, o sea tú, los forasteros corrompen». ¿Y qué puedo yo aducir? Entre el espejo y mi sombra se me están ninguneando y confundiendo con toda esa gente. Si esto sigue así, puede que hacerme fuerte en la cueva sea la mejor opción.
miércoles, 8 de julio de 2026
¿A dónde van los datos?
Si hacemos caso al poeta: Corren por el cielo mis datos ligeros como caballo volador y pronto encuentran prometedor alivio en cualquier nube que celosa los airea y más tarde los deja caer a raudales sobre las cabezas de curiosos y lerdos como lluvia bendita, como vapor imperecedero convertido en pertinaz ilusión donde lo mío y lo tuyo vienen a renovarse una y otra vez ensombreciendo poco a poco la soberana, sabia y radiante luz del sol.
El error y las invenciones
Hacer creer que un error sólo es una confusión, un simple desliz, o una equivocación parece, a estas alturas, una pretensión ingenua. Porque el error es ante todo una consecuencia, tiene detrás su inestable fundamento y, sobre todo, contraría lo que se venía sosteniendo. No hace falta mucha lógica para reconocerlo. Para que no aparezca como un fracaso, como el fruto de un descuido imperdonable de quien lo suelta, se intenta revestirlo con magia retórica. Los artistas de la palabra logran con ella convencer a los crédulos de que lo que ha habido no es un error, sino una ocurrencia original, una idea rompedora o un provechoso invento. Asumiendo esta versión, ponen su invento en circulación y el error se reproduce de forma promiscua dando lugar a nuevas y variadas formas, todas ellas igual de erróneas, pero sugerentes por su sinrazón. Para salvar el bache afirman sin ningún pudor que rechazar los errores, los mismos que pueden afectar a la fiabilidad de cualquier producto o acción, es de algún modo negar su aportación a la creatividad. Pero aceptarlos, sólo porque dan lugar a algo nuevo, no hará inocentes de sus repercusiones a sus valedores. La misma objeción sirve, en otro orden de cosas, ante quienes intentan pasar el error, o la falsedad más o menos clamorosa, por hecho válido y a continuación lo hacen funcionar como información útil. Sería largo de debatir a quién le resulta eso finalmente útil, pero no cabe duda de que los engaños creativos, fruto de errores fortuitor o buscados, se han convertido en un modo singular de colar lo falso revistiéndolo de originalidad y de presentarlo como algo llamativo y mercedor de atención. Con sólo darse ese paso, el error encuentra un método para hacer que los inventos fuleros circulen por doquier como verdades simpáticas y curiosas. Lo artístico, se alegará, es refractario a la severidad lógica de quien denuncia un error. Ahora bien, extender esta doctrina sin ton ni son, sin mediar interés artístico alguno, es el gran, el mayúsculo error. Y sus efectos pueden ser devastadores, porque cuando de un error se hace un invento, la verdad, aquello por lo que las palabras se guían, pasa a ser también pura invención.
martes, 7 de julio de 2026
Saber y creer
Titular en la prensa de hoy : X sigue huyendo de lo que todos saben que él cree. Datos aparentemente firmes : X cree en algo. Todos saben en...
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2 que van y 2 que vienen no tienen por qué ser 4.
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A verlas venir es una expresión difícil de interpretar. Hay que mirar a la cara a quien la usa para hacerse una idea de lo que está queri...
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Pasa como con los niños. Los que son felices no lo saben. Se enteran de que lo fueron cuando saben que ya no lo son.