viernes, 10 de julio de 2026

Goian bego

Lo hemos sabido está semana, aunque el suceso fue hace 1300 años. De forma inmisericorde una estrella enana marrón engulló a un planeta que orbitaba pacíficamente a su alrededor. Nos da cuenta de ello el New York Times de hoy. Desde diversas universidades se vigilaba a la estrella ante la posibilidad de que de un momento a otro su conducta diera lugar a un fatal evento, a un engullimiento planetario forzosamente atroz. Al final, cuenta la gaceta neoyorkina, «eso es lo que vieron en el caso de la estrella hambrienta, a la que los investigadores llamaron TOI-5882: brillar con los restos semidigeridos de lo que probablemente fue un planeta». Según los astrofísicos, el planeta no debió de sufrir afortunadamente demasiado. En prosa seca estas noticias dirían poco, pero debidamente adjetivadas sugieren el conocido drama del niño frente al ogro. De ese modo la noticia es atendida e incluso puede aliviar un poco el tono luctuoso al decir que «su absorción por la estrella habría sido rápida, probablemente de unos días o semanas, aunque los rastros elementales de su muerte abrasadora podrían perdurar durante millardos de años». Y ahí es donde estamos: el trágico deceso, insuperable por su grado galáctico frente a todos los que menudean por el periódico, ha perdurado a lo largo de los años en silencio y es esta semana cuando por fin nos hemos enterado.

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