jueves, 9 de julio de 2026

Problema de identidad

No me caen mal los forasteros, lo único que le digo a ella es que cada mañana yo necesito saber que sigo siendo yo mismo. Cuestión de estabilidad emocional diríamos, de confianza en uno mismo, de seguridad frente a quienes quieren hacerse pasar por mí. Y sobre todo, lo digo claramente, cuestión de imagen, aunque no me vayan del todo esas ideologías ventajistas que idealizan nuestro fenotipo. Yo sólo quiero que se vea bien ante los demás mi modo de ser, mi esencia, mi singularidad. Sin embargo, corren tiempos en que ya no acierto a verme como realmente soy, o sea como he sido siempre y como quiero ser en el futuro. Quizá todo tenga que ver con el espejo que me ponen delante. Últimamente me miro y siempre me sale ahí otro, un intruso de facciones extrañas, indefinido color de piel, presencia inquietante y mirada temerosa, un tipo al que además ni siquiera conozco. ¿De dónde ha salido? Pues no sé, pero lo cierto es que está en mi propia casa. Esa imagen terrible ha conseguido al final que el pánico me domine. Llegados a este punto, es mi sombra la que sale de la cueva y se asoma por encima de mi hombro. Pero, en vez de tranquilizarme, parece que ha decidido rematarme: «Es inútil que te niegues a ti mismo. Ahora para los demás ése eres tú. El de antes ya sólo es un personaje anticuado que vivía con la ilusión de ser una excepción y se creía la última oportunidad de mejorar la naturaleza que, según él, o sea tú, los forasteros corrompen». ¿Y qué puedo yo aducir? Entre el espejo y mi sombra se me están ninguneando y confundiendo con toda esa gente. Si esto sigue así, puede que hacerme fuerte en la cueva sea la mejor opción.

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