Para quien mantiene la oportuna modestia, su saber se queda en un conocer. El hecho de conocer le anima a disertar, aunque sea modestamente, pero lo que un modesto diserta vale lo mismo que su improvisada opinión. Ahora bien, desde la modestia el opinar debe considerarse algo tan llano y fútil como el hablar, contando con que lo que se habla llevado por la modestia carece de cualquier relieve personal. Concluyo: si la modestia es tanta y tan insistente que consigue desplazar a la sabiduría, entonces habrá que ir a buscar a ésta en los silencios.
jueves, 10 de septiembre de 2026
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