sábado, 26 de septiembre de 2026

Lo que pedimos a las cosas

Veo dos formas de relacionarse con las cosas: aprestarse a poseerlas para hacer con ellas cuantía y alimentar así el instinto dominador o guardarlas durante el tiempo suficiente para que surja la oportunidad de que sean útiles. En el primer caso las cosas sólo acaban por ser una fuente de poder y en el segundo indican qué clase de poder ofrecen. Pero para quien no busca en ellas el poder que otorga su propiedad todo es distinto. Para ese caso todo viene a reducirse a una sencilla posibilidad: confundirse con ellas e intentar establecer una relación. Aparentemente sería igualitaria, pero, a falta de respuestas por su parte, se ha mostrado carente de recorrido y utópica. En realidad, no podía ser de otro modo, pues con ellas nunca hemos tenido otra comunicación que la establecida a través de las vías más corrientes, las mecánicas de uso y desuso, ésas en las que terminado el servicio llega el abandono. Así pues, por desgracia para las cosas, lo que se puede decir es que, mientras no se rebelen, todo finaliza con nuestro provecho o en su destrucción.

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