Dicen que el amor nos hace dóciles. Pero también dicen que al principio el amor nos incendia; la sesera, se entiende. Y que de ahí pasa a convertirnos el cuerpo entero en materia ardiente. Los más locuaces son los que dicen además sentir como si un tizón les removiera las entrañas. Añaden ellos, asombrados, que en ese azogue todos sus órganos, del corazón a los pulmones y del diafragma para abajo, se van rindiendo y hasta parecen precipitarse sin temor al fuego. Hay otros, sin embargo, que consiguen aliviar ese fogueo imaginando ingenuamente que son mariposas las que se agitan y tratan de escapar de ese siniestro. Aunque no viene ese remedio en los libros, aseguran que, cuando el aleteo insiste, nuevos aires ascienden para refrescarles la mente. Y es allí donde fructifica la idea de que es el amor lo único capaz de llevarles su cuerpo hasta la frontera. Incluso, por momentos, sienten haberla franqueado con sólo ver cómo la carne se consume palpitante en esa pasión candente.
domingo, 5 de julio de 2026
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