A bote pronto un aforismo puede producir cierta perplejidad y a continuación unas ganas locas de replicar a lo redicho con aire sentencioso, recitado con tonito grave y cargado de falsa profundidad. Me reconozco autor de fórmulas solemnes y maneras poco acertadas de dictar razones para asaltar la realidad, sobre todo cuando noto que se me escapa, que no la entiendo. Siempre confío en que haya alguien en este mundo, un triste lector, que cargue con la terrible ingenuidad de verla de mi mismo modo. Pero entiendo que desde el momento en que solicito ayuda a mi imaginación, no pocas veces alambicada y con demasiada frecuencia lúgubre, voy dejando tirados por el camino a los bienintencionados que se aventuran a seguirme. Quizás tenga que estar de acuerdo con Wallace Stevens, cuando señala que: La imaginación consume y agota algún elemento de la realidad. Aunque, a decir verdad, eso es algo que me sigue costando creer, porque no sé bien qué elemento consume, ni de quién es la realidad que se ve perjudicada, ni en qué modo la va consumiendo. Si la realidad de la que ahí se habla es algo propio, es posible que la imaginación, la mía por ejemplo, crea estar atacando un elemento fundamental porque me pongo con ella a subvertir mi pesada lógica, a recrearme como un personaje indefinido y a montarle un escenario espaciotemporal disparatado. Desde luego, si por un casual mi imaginación me cuela en un personaje inepto y sentimental, puedo ser capaz de arañar mi realidad hasta dejarla en mondo esqueleto. Desde ahí, si, en un arrebato, decido además romper con mi sólida lógica, saldrá mi realidad hecha astillas, más que dulcemente consumida como pretende el aforismo. Para consumirla lentamente tendríamos que hablar de una realidad compartida. De esa forma serán las odiosas invenciones de otro, convertido en oponente, las que ridiculicen, atenten o incluso dinamiten la confusa estabilidad de la realidad que teníamos en común. Para salir de esa situación sólo cabe la esperanza. El aforismo de Stevens da a entender que la hay, porque no dice que se agote toda la realidad, sino solamente algún elemento. No da, por tanto, crédito ni mecha a la dinamita. Es tan solo una parte de la realidad la que quedaría dañada o reformada al lanzarnos a imaginar, ya solos o en compañía. Es como si una parte de nosotros decidiera cambiar de rumbo, quién sabe si para trascender a otro mundo, mientras nuestros pies, fijos en el suelo, se consumen de pena al verla partir. Lo peor es que para cuando llegue la hora del retorno, porque la imaginación, aunque vuele, lo hará por tiempo limitado, puede que los pies ya no estén allí.
viernes, 12 de junio de 2026
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