Se suele pensar en Galileo como el primer filósofo natural en cuyas obras se aprecian los beneficios que la geometría aporta al estudio de la mecánica. Esa incursión suya en la astronomía primero, y en la física después, utilizando los métodos algebraicos sentaría las bases para una alianza que resultó decisiva para el progreso de la ciencia. De todos modos el primer contacto entre ambas disciplinas, geometría y física, se dio para mi sorpresa mucho antes. Leyendo el Timeo veo cómo Platón muestra una curiosa alianza entre el pitagorismo y el materialismo jónico a la que sitúa en el origen de su cosmología. Después de introducir la proporción simple y señalar el valor convenido para el término medio entre los dos extremos, Timeo vincula en su expossición a éstos con dos elementos materiales que considera primordiales para la constitución del cosmos, a saber, el fuego y la tierra. Tras poner en cuestión la existencia en este caso de una proporción simple ya que tendría un único término medio, apunta a la necesidad de que los medios de la proporción sean dos. Estos cuatro términos pasarían entonces a formar parte de una proporción geométrica continua igualando no dos sino tres razones. Esto se traduce en que para los términos a, b, c, y d tendríamos a:b = b:c = c:d. Siguiendo la forma de esta relación proporcional, sorprende leer en el texto platónico que «el dios colocó agua y aire en el medio del fuego y la tierra», de tal modo que «la relación que tenía el fuego con el aire, la tenía el aire con el agua y la que tenía el aire con el agua, la tenía el agua con la tierra». Al parecer esta relación, en que fuego, aire, agua y tierra se corresponden con los términos a, b, c y d anteriores, es la que le sirviría para conjuntar los cuatro elementos ya señalados por Empédocles y aducir que con la proporciones así fijadas entre ellos queda compuesto «el universo visible y tangible».
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