Hay metáforas que hacen temer y temblar, y el beso de la muerte es una de ellas. Es difícil encontrar palabras que pongan tanta dulzura sobre un fondo de tragedia. A nadie se le escapa que sus reminiscencias simbólicas llegan a Eros y Tánatos, en quienes se advierte el impulso y el destino de la vida. La metáfora evoca la definitiva despedida sellando la boca, negándole el aliento y la palabra. Por eso, más que cualquier otra, transmite esa despedida aires de drama, de injusticia, de impotencia. Una cosa es asimilar cambios paulatinos como mejoras y otra muy distinta es entrever la puerta de salida. Con su beso, la muerte saluda afable a su llegada animando a una gustosa zambullida en el recuerdo y consuela al moribundo despertando fugazmente la ilusión de que quienes atrás se quedan, además de vivir por él, lo hagan con ánimo impercedero y mayor fortuna.
lunes, 22 de junio de 2026
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