—¿Y qué haces cuando te descuidas, metes precipitadamente lo que tienes en dos líneas y te sale luego teñido de poesía empalagosa?
—Procuro agriar el tono y marcar distancias salpicando entre líneas con sal gorda y prosa tosca.
—No parece fácil. ¿Cómo se hace?
—Tampoco tiene mayor mayor dificultad. Sólo hay que salir a la calle y mantener la oreja bien abierta.
—Pero con eso no se escriben ensayos. Para eso hay que elevarse un poco y recurrir a las metáforas.
—No creas. Todo es cuestión de compensar esos altos vuelos con galopadas en recorrido rasante y soltando alguna que otra coz.
—¡Ah! O sea que a eso es a lo que vienen todas esas ordinarieces, esos chascarrillos y los insultos. Menudo método te has inventado para descargar esos trances líricos. La verdad, no sé si para ganar algo contundencia había necesidad de golpear la delicada plata con ese hierro peleón.
—No, ya sé. Puede que no sea la solución, pero tengo que hacerlo así. Después de mucho escribir, me he dado cuenta de que tengo un problema muy serio, una patología se podría decir. Quieras que no, soy víctima de una tendencia fatal: al cabo de unas líneas, se me hincha sin remedio la vena poética.
—No te preocupes por eso. He visto casos mucho más graves. Conozco el paño.
—Bueno, gracias. Saber al menos que no soy el único me deja un poco más tranquilo.
—Por favor, no seas tan modesto y digas ahora que no eres único. Te vengo siguiendo y eres el único que ejecuta a la perfección esta alternancia armónica en que las preguntas se entrelazan en apasionado abrazo con las respuestas haciendo que tu melodía me preste alas y consiga llevarme en vuelo libre hasta las estrellas.
—Ah, vale.
lunes, 22 de junio de 2026
Entrar en trance
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
El efecto de la edad
De lejos, entre miradas urgentes, veo aún vivir figuras asustadas que, atacadas por fuerzas invisibles, se ven arrastradas hacia el fondo po...
-
2 que van y 2 que vienen no tienen por qué ser 4.
-
Dos muertos se enfrentan y pelean a muerte, dos vivos se abrazan y comparten su vida.
-
A la ida conviene pensar si te hará falta volver y será a la vuelta cuando verás si merece la pena pensar en si fue una buena idea ir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario