viernes, 29 de mayo de 2026

La cosa

En su reciente ensayo The Labour Party Is Playing With Fire Over Its Future and the Future of the Country, el exprimer ministro de Gran Bretaña, Tony Blair, afirma: «No tiene ningún sentido debatir si esta revolución tecnológica es una cosa buena o mala. Simplemente, hay que saber que es una cosa. De hecho, es ‘la cosa’... Las empresas y los países triunfarán o caerán por ella. Revolucionará el sector privado y debe revolucionar a su tiempo los servicios públicos y el Gobierno».  En otras palabras, la tecnología está por encima de la ética y esa «cosa» tan opaca es la que regulará la economía tras la inminente revolución. Aún estábamos resistiéndonos al gobierno soberano del mercado y hete aquí que aparece ahora la «cosa». La verdad es que estoy curado de espanto con estas «cosas» y, sobre Blair y similares, ya no tengo sitio en la cabeza para más escándalos prefabricados a fin de saltar a los titulares. Como además no consigo ver ningún argumento, para mí esa cosa entre comillas sólo es merecedora de presentarse como título-gancho de alguna de esas películas de terror de la serie B. Sí, esas en las que la «cosa» pretende devorar cuanto se pone a su alcance sin discriminar entre el bien y el mal. Vamos, como ésta de Blair. A lo que más se parece, si uno lo piensa, es a lo del dragón. No estamos a salvo de sus llamaradas y todavía está por aparecer algún san Jorge, pero confío en que con el tiempo se le pondrá remedio. Y luego está lo de la revolución. Por haber asistido a otras grandes promesas inminentes y revolucionarias, soy escéptico y desde luego no me fío un pelo de sus predicadores actuales, llámense Blair, Musk o Thiel. Con lo que llevamos visto, son gente que cree tener en su mano el control de la masa de población (ellos ven eso, masa) y, por esa razón, no ven la necesidad de responder ante algo tan informe ni de repartir los beneficios de su tecnología. Igual es momento, pues, de renunciar a su tutela y pensar en revolucionar su flamante y absorbente tecnología, o de decir sencillamente «con su pan se lo coman».

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Privacidad y vanidad

Privacidad y vanidad compiten con desigual balance en cada uno de nosotros. Con la privacidad tratamos de preservar nuestro núcleo íntimo, a...