Nadie sabe bien por qué las palabras dan vida, pero parece hecho probado. Nadie las tiene por nutritivas, si acaso son alimento metafórico. Todos sabemos que, al ser inmateriales, carecen de cualquier componente orgánico, pero eso no las hace inefectivas. Es algo que sorprende, el hecho de que sin mediar materia alguna sean causantes de efectos notables en el cuerpo. Realmente son sonidos, pero, salvado el oído, esas voces no parecen interesar al cuerpo sino a la mente, al espíritu o a lo que quiera que funcione por ahí arriba. Esa entidad interna, tan etérea que se resume en un amasijo de conexiones neuronales, ha resultado ser claramente susceptible a las palabras. En cuanto salimos de la física, siempre un poco pedestre, y nos vamos por los caminos de la fisiología no nos es fácil entender en qué modo o con qué alcance consiguen manifestarse desde ahí dentro. Respecto a lo de dar vida con ellas, puede que sea un objetivo bienintencionado, pero resulta algo exagerado. No conozco a nadie que sea capaz de resucitar a su Lázaro con una simple orden para que se levante. No obstante, todos tenemos presentes ocasiones en que las palabras han provocado emociones bien visibles y beneficiosas además. Aunque, por la misma vía, también podemos decir que las palabras pueden ser lesivas. Pensemos en los insultos, las calumnias, las maledicencias que se cuelan como cuchillos si encuentran terreno propicio. Por desgracia, sabemos poco de cómo levantar escudos emocionales frente a esa clase de metralla y de cómo hacer que esas palabras nos resbalen y se pierdan sin hacer daño. Si vamos al lado positivo y nos fijamos de nuevo en la receptividad, nos asombrará ver que algunas se nos rinden como favores. En su entrega nos consiguen despertar, siempre y cuando den en el blanco, estímulos casi olvidados. Llegan incluso a manifestarse en nuevos gestos, ademanes y hasta en rasgos del propio rostro, es decir físicamente. Puede considerarse, por tanto, que promueven una suerte de epifanía en la que se ve a su dueño renacer. Epifanía, creo haber dado ahí con la palabra correcta. Me gustaría ahora volver con ella al comienzo y reformular aquella mi primera afirmación. Destacaría esta vez otra clase de ignorancia menos dramática y me preguntaría cuál es la causa de que nadie sepa bien por qué las palabras causan esas epifanías. No es que con ellas se recree la vida, sólo se la reorienta para que apunte a algún fin estimable, o cuando menos saludable. Leía hoy mismo que, en cierto modo, en el fondo la vida se reduce a una serie intermitente de estas epifanías, que aparecen intercaladas como irrupciones en el curso monótono del tiempo. Todos tenemos la sensación de que esa monotonía, sobrellevada mediante la rutina cotidiana, es la que hace que se vaya oscureciendo en uno su curso vital. Y a falta de luz, sobreviene el desconcierto, en un momento en que más que susceptibles nos volvemos vulnerables frente a las palabras, a las que vemos adquirir dimensiones desmesuradas y un tono no pocas veces dañino, por injurioso o por fatalista. Cuando este desconcierto llega, no basta con el escueto consejo de siempre, el de a palabras necias oídos sordos. Convendría extenderlo a una amplia gama de palabras que además de necias resultan insidiosas, falsas, exageradas, malvadas... Como ese flujo de palabrería malsana es inevitable, sería bueno para contrarrestar prestar oído a aquellas palabras que, sin sacarnos del raíl, nos permitan levantar la vista y disfrutar del paisaje humano, de la vida en definitiva, y esperar a que, gracias a ellas, se produzca una estimulante epifanía.
domingo, 31 de mayo de 2026
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Privacidad y vanidad
Privacidad y vanidad compiten con desigual balance en cada uno de nosotros. Con la privacidad tratamos de preservar nuestro núcleo íntimo, a...
-
2 que van y 2 que vienen no tienen por qué ser 4.
-
Dos muertos se enfrentan y pelean a muerte, dos vivos se abrazan y comparten su vida.
-
A la ida conviene pensar si te hará falta volver y será a la vuelta cuando verás si merece la pena pensar en si fue una buena idea ir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario