Aunque me desentienda, yo sé que sobre mi conciencia gravita siempre algún error. Al final trato de librarme y cedo a la presión social que me invita y finalmente me obliga a declarar, arrepentido, que debo pagar por él. Desgraciadamente, eso no basta y continúo con la impresión de que así no expío mi falta, porque además noto que ese fallo, no del todo conocido, me sigue pesando insistentemente. Como aún me considero culpable y necesito aliviarme cuanto antes de ese lastre moral, y como todo finalmente puede resolverse pagando, elevo la apuesta y declaro, con resonante voz para que todos me oigan, que quiero pagar. Hago sonar también mi monedero e inmediatamente se crea a mi alrededor mayor expectación. Con un gesto de firmeza pongo mi dinero sobre la mesa y es entonces cuando todos reconocen de forma unánime que en realidad no les consta en mi caso falta alguna y que de hecho nunca percibieron ningún error. Con aparente indiferencia, se acercan poco a poco a la mesa y, sin añadir palabra, recogen gustosos su parte del pago.
miércoles, 13 de mayo de 2026
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
El error
Aunque me desentienda, yo sé que sobre mi conciencia gravita siempre algún error. Al final trato de librarme y cedo a la presión social que ...
-
Dos muertos se enfrentan y pelean a muerte, dos vivos fornican y se libran de su vida.
-
A la ida conviene pensar si te hará falta volver y será a la vuelta cuando verás si merece la pena pensar en si fue una buena idea ir.
-
Aunque me desentienda, yo sé que sobre mi conciencia gravita siempre algún error. Al final trato de librarme y cedo a la presión social que ...
No hay comentarios:
Publicar un comentario