En el pasar a ser otro sin dejar de ser uno, lo que se anuncia es la propia renuncia, algo a medio camino entre la fuga y la solución. Si lo despojamos de drama, entenderemos que en un momento de cambio llegar a ser, y por tanto mudar, es el único modo de poder seguir siendo. Estamos en la entraña de la identidad. Al desconfiado del futuro le parecerá que al mudar el sujeto viene a cubrirse con una máscara, mientras que el nostálgico del pasado volverá una y otra vez a cotejar el nuevo aspecto con la foto fija. El cambio es seguramente el único milagro del que participamos todos y eso es lo que hace que lo que se podría darse por sobrenatural sea en realidad tan natural. Mantenerse firme sobre las raíces es una metáfora que resalta el valor de afincarse siempre en el mismo territorio, pero invita a desconocer la periódica muda que, a través del ciclo impuesto a las hojas, sufre cualquier árbol. La combinación de raíces y hojas con la que se sostiene ese ente vivo exige un comportamiento complejo. Por resumir, ahí no se trata simplemente de vegetar, porque el asiento fijo no busca nuevos aires ni da para sentirse vivo.
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