Decidirse por lo único sólo confirma en uno un desmedido afán de seguridad. Esto de la unicidad tan pronto se aplica a un dios como a un amor o incluso a un partido político. La decisión se confirma al nombrarlos como el dios, el amor y el partido único y eso permite finalmente considerarlos, en posesivo, como mi dios, mi amor y mi partido político. Con ese mi último, uno viene a encauzar, sin alternativa posible, cualquier deseo, por creer que lo poseído siempre será más seguro. De paso, uno consigue estigmatizar, con el recurso fácil de ignorarlos, los dioses, amores y partidos que quedan fuera de ese todo indudable y único.
martes, 2 de junio de 2026
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Privacidad y vanidad
Privacidad y vanidad compiten con desigual balance en cada uno de nosotros. Con la privacidad tratamos de preservar nuestro núcleo íntimo, a...
-
2 que van y 2 que vienen no tienen por qué ser 4.
-
Dos muertos se enfrentan y pelean a muerte, dos vivos se abrazan y comparten su vida.
-
A la ida conviene pensar si te hará falta volver y será a la vuelta cuando verás si merece la pena pensar en si fue una buena idea ir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario