La negación encierra siempre misterios que los gramáticos, para mi gusto, no logran desentrañar del todo. Lo que la declaración asertiva mantenía atado se abre al ser negada a múltiples posibilidades. Negar es como convertirse en explorador, sin demasiados riesgos ciertamente. De algún modo es como buscar la salida hacia otros mundos aparentemente contrapuestos sin saber lo que existe más allá de ese no. La firmeza con que uno niega habla sobre todo de la necesidad de librarse de lo que supone la correspondiente afirmación. Negar es rechazar, sin duda, pero quizá no nos damos cuenta de que es también afirmar en un terreno de dimensiones y características desconocidas. No niego que como último recurso rechazar tiene su valor. Sin embargo, sin una afirmación que avance intenciones acerca de la posición a la que se pretende llegar en ese mundo negativo, el rechazo es más una postura vacía que una declaración de interés. En buena lógica, negar tiene sentido cuando se ha descrito previamente el marco de discusión y con él todo el universo de posibilidades podríamos decir, una de las cuales es justamente la rechazada. Me pongo a repasar casos de fórmulas negativas y me aparecen dos que merecen atención, por el modo en que emplean la negación, al menos en la lengua que uso. Está, en primer lugar, el caso de la doble negación que, en rigor, debería de suponer la afirmación. Así sucede de hecho en otras lenguas y en la lógica aristotélica. Si digo No tengo nada estaré negando tener nada, que es tanto como afirmar que tengo algo, lo que no concuerda con nuestra interpretación habitual. Estoy al tanto de lo que en este punto cuenta la RAE, pero su explicación sólo confirma hasta qué punto la semántica se escabulle y escapa aquí a la lógica común. La pregunta obligada sería ¿por qué? No vale lo del uso, creo más bien que hace mucho que se creó la cierta de subrayar la negación a base de doblarla. Si esto es así, estaríamos ante un caso más de esa típica falta de contención de nuestros hablantes, una actitud que sacrifica matices en la lengua y acaba por averiarla. La doble negación nos lleva al terreno del énfasis y la excepción. Se prescinde de lo que podría haber sido una norma sintáctica clara para ir hacia la interpretación pragmática. Otro caso que también me ha llamado la atención es el del modo imperativo. No existe propiamente forma negativa en dicho modo. Según los manuales si quieres negar el imperativo come lo que dirás es no comas. Con ello pasamos del imperativo al subjuntivo, de una fórmula taxativa a otra hipótetica o sugestiva, vagamente negativa. El no comas puede convertirse fácilmente en un consejo de tono imperativo rebajado diciendo que no comas, pero se pierde en cualquiera de los dos casos la radicalidad de la negación. A partir de ambos casos llego, siempre como lego, a la siguiente conclusión: Mientras a la hora de negar una declaración, hacerlo por partida doble se acepta aun siendo exagerado y gratuito, cuando se trata de una orden negativa se tiende a ser más prudente y se abre el abanico a lo hipotético para que el sujeto que es objeto de esa orden tenga alguna posibilidad de hacer su propia elección, de si comer o no comer en este caso.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Privacidad y vanidad
Privacidad y vanidad compiten con desigual balance en cada uno de nosotros. Con la privacidad tratamos de preservar nuestro núcleo íntimo, a...
-
2 que van y 2 que vienen no tienen por qué ser 4.
-
Dos muertos se enfrentan y pelean a muerte, dos vivos se abrazan y comparten su vida.
-
A la ida conviene pensar si te hará falta volver y será a la vuelta cuando verás si merece la pena pensar en si fue una buena idea ir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario