No hago daño a nadie es una expresión que dirigida a la concurrencia suena como una evasiva, como forma de eludir lo que nos incumbe, como vía de escape para no hacerse cargo de un acto dudosamente presentable. Quien la utiliza como excusa da entender que el umbral moral que maneja es la falta de perjuicio físico, con lo que deja a salvo el acoso, la humillación, la persecución y toda una gama de maniobras destinadas a erosionar la entereza y la estima con que uno en última instancia se defiende. Es evidente que no hacer daño nunca podrá ser lo mismo que respetar. Ese es otro nivel y debería de ser el mínimo rasero moral. Por tanto, convendría sustituir aquella excusa por un espero no haberte faltado al respeto, dicho sin ánimo de ganarse público, dirigido en tono estrictamente personal. Su uso no es común. A menos que la excusa quiera ser ejemplar, el público no cuenta, a quien hay que rendir cuentas es a quien se ha podido sentir dañado.
sábado, 23 de mayo de 2026
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