sábado, 9 de mayo de 2026

Lo que nos llega al oído

 El paseo por las estrechas calles del casco antiguo de Pamplona da lugar, si llevas las antenas bien dispuestas, a escuchar toda clase de quejas, chismes y hasta argumentos. Llegan casi siempre incompletos, con alusiones tácitas que uno se ve obligado a rellenar. El margen de interpretación que ofrecen los hablantes suele ser amplio y da pie a especulaciones sobre qué es lo que acabaron diciendo unos metros más allá, fuera de nuestro radio de escucha. Sus expresiones son de sintaxis irregular ya que contienen un espacio en blanco o un silencio final que nos permite entender lo que queramos, siempre que siga de cerca el guion marcado. Todo esto a cuento de unas palabras que he cogido al vuelo al adelantar a una pareja de damas que paseaban como yo y conversaban en tono algo afligido sobre otra ausente. He captado tan sólo un par de expresiones: una demanda de información cargada de preocupación y la inmediata respuesta entre enigmática y agorera. La una pregunta: «¿Y qué tal está ella?»?. Y la otra responde, caricacontecida según veo al ponerme a la par: «Más o menos normal». No es mucho o quizá es demasiado lo que se puede deducir de ese intercambio de palabras. El estar por el que la primera se interesa se sobrentiende que alude a la salud, tema recurrente, casi obligado, a partir de cierta edad. La pregunta completa podría ser «¿Qué tal está ella de esos males que nos contó el otro día?». La respuesta es todavía más abierta. Tanto el más o menos como el normal dan lugar a suposiciones más o menos anormales, pero si se juntan y se subrayan frunciendo el ceño el efecto se multiplica. Habría que ahondar en lo que tienen ambas por normal y determinar si esa renuncia a cuantificar el desvío de la normalidad es un modo de indicar que la tercera está, en algún sentido médico que se nos escapa, rematadamente mal. Para salir de tan penosa incertidumbre y sacudir toda esa palabrería deprimente puedo imaginar a la primera despidiéndose con: «¿Y vosotros qué tal? ¿Todos bien?». Es ésta una fórmula que, si no provoca una cascada de noticias alarmantes, será respondida con «Vosotros también ¿no?» A partir de ese momento bastará un sencillo gesto de aprobación para satisfacer a ambas y cerrar con una sonrisa el encuentro.

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