lunes, 11 de mayo de 2026

Relectura

 Dejas a un lado tu escrito, dando un respiro a tus personajes que regresan a su mundo ficticio sorprendidos, pero sin mostrar gran enfado. Algo bien distinto te sucede a ti. El hastío te domina, sólo puedes distinguir algo parecido a una inmensa planicie, sin relieve alguno, de la que ellos, en vista de tus escasas y rácanas propuestas, han preferido huir. Pasada la primera impresión, deciden explicarse. «No es que necesitemos un jardín en el que jugar a los amores de media tarde, pero, por lo menos, no nos abandones en medio de un desierto crudo y soleado, porque ahí nuestro ánimo desfallece y, a la larga, ya sólo se nos ocurrirá quejarnos. ¿De verdad que es éso lo que quieres para tu argumento? Gente deslumbrada por el sol y desolada en medio de la nada. Seguro que la boca se te está ahora mismo secando con sólo pensarlo. Mejor será que lo dejes un rato y que te bebas un vaso de agua fresca para ver si, de paso, te refresca también las ideas.» Aceptas el consejo y apartas tus manos del teclado. Siempre hay cosas mejores que hacer. Es cuestión de sacarle más provecho a tu inventiva. Pero no es tan fácil evadirse de tu historia. Un hilo se ha quedado enganchado a todo aquello y ellos reaparecen súbitamente en tus sueños. Ahora son más condescendientes y reclaman únicamente volver a su papel. Te has desentendido y apenas los distingues. Con el tiempo sus imágenes se han perdido, pero sus llamadas son cada vez más desesperadas, sus propuestas para el guion más razonables y sus voces, aunque lejanas, más seductoras. Siguen esos cantos, los has oído otras veces. Entonces ¿qué ha pasado, qué ha cambiado? Aparentemente nada. Sin embargo,ni atado a un mástil esta vez podrías resistirte. Te asomas a la borda y ves moverse entre las aguas procelosas las primeras imágenes. Resurgen como náufragos y piden ayuda. Después de la tempestad devastadora, el suave balanceo de las ideas te reanima y el barco toma por fin aire y rumbo al cabo de unas cuantas semanas abandonado a su suerte. Desde el puerto tus lectores fieles te hacen señas y preparan tu llegada. Desembarcas de nuevo en el teclado. Aquí no ha pasado nada. Buscas el punto de partida y relees tu texto sin acabar de entenderlo. Decidido a retomar el hilo, vuelves a leer. Sobran la mitad de los actores. Te parece un buzón de quejas. Insoportable. Si daba para cien páginas, buenas serán a lo sumo diez, por mucho que ellos se resistan. Seguro que queda al principio algún capítulo cojo, algún personaje huérfano y, en definitiva, algunos cabos sueltos. Con todo, al final recompones el muñeco. Relees de nuevo y te apena comprobar que ya no te reconoces. Pero, al fin y al cabo, se trata de fantasía, no de otra cosa. La mayor parte del pasaje, de los personajes quiero decir, se han quedado casi mudos, dicen lo justo. ¿Qué dirán los lectores? A pesar de todo el remeneo, esperas que compren el boleto y que les guste el viaje. Corren nuevos vientos.

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