Con paso incierto nos estamos estrenando en un mundo extraño, el de la realidad virtual, un mundo que promete grandes aventuras y posibles avances. Hasta ahora contábamos con la realidad como indispensable refrendo de la verdad. Estaba también la fantasía, la ficción, y en un extremo, al final, la mentira. Eran todas ellas sucédaneos de la realidad que distinguíamos con bastante claridad. Pero como ahora la realidad sale de fábrica tan bien compuesta y no encuentra dificultad para alcanzar nuestros sentidos, no sabemos a ciencia cierta si nos debemos fiar de ellos y consecuentemente de lo que veníamos teniendo por realidad. Estamos más allá de lo que a Descartes tanto le intrigaba en su intento de tener algo por verdadero y que le hizo afirmar en sus Meditaciones metafísicas: «He experimentado que a veces estos sentidos engañan». El punto no es ahora si los sentidos nos engañan, el punto sigue siendo si contamos con algo incontestable para establecer la verdad. Mucha gente toma hoy la información en pantalla como evidencia real y eso lleva a confusión, a crear múltiples canales de verdad y ahí es donde la duda entra en otro orden distinto al que manejaba Descartes. Hay quien vive actualmente en realidades albergadas en mundos paralelos, con lo que para él la realidad pasa a ser algo que los demás son incapaces de entender. Eso hace que para el común su realidad no exista o que, si lo hace, sea a lo sumo como espectáculo. De modo que el propio concepto de realidad se antoja, ante tal multiplicidad, poco fiable. El propio Descartes cerraba la cita anterior señalando que «es prudente no confiar jamás por completo en quienes nos han engañado una vez». Con ese redoble en la pérdida de confianza es como si careciéramos de suelo. Así que no sería de extrañar que dentro de poco no sepamos ni dónde pisar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario