Sin gran desazón, sin suscitar resistencia, sin mayor pena, me voy despidiendo de cosas que un día fueron muy mías, tanto que podría decirse que en cierto modo me absorbían. De lo que no hay duda es de que copaban mi atención e interés, aunque sean hoy meros recuerdos que de nada ni a nadie pueden servir. Me estoy refiriendo a papeles extraviados en carpetas, a borradores de escritos casi ilegibles, a herramienta informática obsoleta y a otros restos similares. Probablemente esto empiece a formar parte de un programa tácito destinado a depurar las ideas sobrantes para regresar así a materia más fundamental. No estoy seguro de dónde acabará el camino ahora emprendido. El apego fiel a ciertas cosas sigue existiendo y todavía no consigo verlas como si fueran una especie de reliquias molestas, como artículos residuales, como menaje mental viejo, como producciones trasnochadas, después de haber sido el origen y servido de apoyo a tanto trabajo y tan ardua reflexión.
lunes, 15 de junio de 2026
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