domingo, 14 de junio de 2026

Que nadie se apropie de mi realidad

La realidad visible es hoy un fruto virtual y aparentemente gratuito, sostenido por quienes la respaldan con intención de dirigir la mirada de la gente en provecho de sus intereses. Gracias al enjambre publicitario proporcionado por sus redes, llegan  con facilidad a cautivar al observador y consiguen alinear afanes y deseos en la dirección de su elección. Es triste ver a generaciones enteras viviendo como si flotaran sobre una realidad que, por agradecida y muelle, no reconocen como falsa. Sólo al tropezar caen en la cuenta de lo dura que es esa realidad en que se ven obligados a vivir y que apenas de dejaba entrever a través de las redes. En medio del drama, para completar un panorama desolador, sólo falta el gran histriónico proponiendo a estas legiones, ganadas por un agobio cada vez más pronunciado, viajes a la Luna, a Marte y al más allá, como si aquí estuvieran de sobra, y al otro visionario atizando con el fantasma del Anticristo y haciendo ver que los pecadores y los inútiles son parte de sus huestes y por ello nada dignos de compasión. Si queremos consolarnos, deberíamos pensar que como cualquier otro fruto histórico éste de la realidad ficticia pende de un pedúnculo, que es frágil, y que el tiempo lo hará caer entre los lamentos estentóreos de los profetas mediáticos que han estado altavoces y pantallas. Seguir observando ficciones manipuladas no ayuda, debemos de zarandear el árbol y dirigir nuestra vista a la diversidad de frutos donde encontraremos la auténtica realidad, la que nos corresponde a cada uno.

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